¿Cómo y por qué convertir internet en la plaza Tahrir virtual contra la ley Sinde?

Escrito por Sergio.

Precisamente ahora que tanto titular de periódico habla de la ola de protestas que se está propagando por el mundo árabe para acabar con los regímenes tiránicos que oprimen desde años a estos pueblos, uno no puede ver estas manifestaciones sino con cierta fascinación. Estupor y admiración que se deriva del hecho de que las personas que toman las calles se estén jugando el pellejo en defensa de unos ideales. Todas ellas reclaman mayores libertades y un respeto efectivo por los derechos humanos. Amén del transfondo económico que puede subyacer siempre (y que según casos es más o menos comprensible; quede claro que no es la misma situación la de Egipto, que la de Túnez o Bahrein).

Por tanto, quiero dejar constancia de que uno no es (demasiado) tonto. Y que aunque titule así este post sé perfectamente que no son situaciones comparables. Lo digo para que no me salga un #turismobisbal ni se entiendan estas palabras en la línea de las que pronunció González Pons la semana pasada. De hecho, yo voy por derroteros muy distintos. Pero al final es verdad que a mi, como a él, también me encantaría que se liase en España una igual de parda que la de Egipto pero a cuenta de la ley Sinde (aprobada, recuerdo, con los votos de PSOE, PP y CiU).

¿Y por qué me atrevo siquiera a comparar una dictadura con la aprobación de la Ley de Economía Sostenible donde se intentó colar hace dos años de rondón, con nocturnidad y alevosía la dichosa disposición segunda que se refiere a la ley que lleva por nombre el de la ministra peor valorada por los españoles?

Not for commercial user del álbum en flickr de Lidal-KPues sencillamente porque esta ley vulnera derechos fundamentales de las personas, como los de la inviolabilidad de las comunicaciones, la tutela judicial efectiva o la libertad de expresión. Y algunos más. Pero en realidad, este tipo de cosas a la mayor parte de nuestros políticos se las trae al pairo. Son los mismos que ya aprobaron en su día el canon digital con el que se pasan por el forro algo tan básico en el Derecho como la presunción de inocencia. Y les dio igual haber tenido ya que recular una vez. Porque si encima señores tan poderosos como los de algunos lobbies de EEUU presionan un poquito en un determinado sentido... ¡ni mil palabras más! 1, 2 y al tercer cable, visto para sentencia, y aquí paz, y allá gloria. Total, nadie tiene por qué enterarse de tales tejemanejes a menos que un wikileaks lo remedie. Wikiqueeé? Habría dicho alguien no hace tanto tiempo... Pero es acojonante ver con qué impunidad y con qué descaro se mercadea y se dice abiertamente que si no se puede por lo penal, se cerrarán las webs que haga falta por procedimiento administrativo.

Ninguna mentira, por más veces que se repita, merece ser verdad. Y a propósito de las descargas en internet se han dicho unas cuantas mentira...

... Como la de que 'los internautas lo único que quieren es no pagar'. ¡Eso es mentira! itunes o la Apple Store demuestran que los micropagos pueden funcionar; y el éxito de Spotify pone de manifiesto que la gente que consume música a través del ordenador es capaz de pagar por este servicio (o prestar atención y dedicarle tiempo a los anuncios). Lo que los usuarios demandan es un catálogo suficientemente amplio de productos culturales digitales a precios asequibles que pueden obtenerse gracias a la reducción de costes de almacenamiento o distribución que permiten los formatos digitales.

... Como la de que 'el gratis total es insostenible'. ¡Mentira también! Que el consumidor final no pague un precio, eso que despectivamente se ha llamado 'gratis total', no quiere decir que alguien, por el camino, no pueda costear estos productos y al mismo tiempo sacar un rédito. El 'gratis total de internet' es tan insostenible como el negocio de la radio o la televisión.

... La de que 'internet destruirá la cultura' es otra mentira que no se sostiene. Internet en todo caso acabará con la actual industria cultural, con los intermediarios de hoy, con aquellos no aportan ningún valor añadido al producto y sin embargo son los que más chupan del bote. Porque los internautas, los ciudadanos, las personas, son las que salvarán la cultura, el cine, la música, las artes o la literatura. Son los que consumen estos productos, los que dan sentido al trabajo de los autores.

... Otra mentira habitual son los informes sobre descargas y las pérdidas que tiene el sector. Porque todos estos estudios equiparan cualquier peli, disco o canción descargada con una copia no vendida. Y que se descargue una película, por ejemplo, no quiere decir que se vaya a ver necesariamente; y mucho menos, que esa persona la hubiese comprado en caso de no haberla podido descargar.

... Y también es una mentira (que resulta hasta graciosa) oir a aquellos que afirman que 'las descargas en internet perjudican a una industria como la del cine en España' (que sobrevive a base de subvenciones!). Como si alguien se descargase las películas sobre la Guerra Civil obligatorias en el currículum de todo director de cine español! Pero a ver quién les explica a estos señores que muchas personas no quieren ver cine español... ni gratis.

Seguramente sea cierto que haya cien motivos para detestar la ley Sinde. Pero el primero y más importante es que se trata de una artimaña para quitarse de en medio a los jueces y sustituirlos por un órgano administrativo hecho a medida de aquellos -los defensores del copyright y los derechos de autor- que quieren tener razón aunque hasta la la fecha ninguna sentencia judicial (salvo las que son fruto de acuerdos de conformidad) se la haya dado. Por eso tampoco cuela, el paripé que se montó tras la sublevación ciudadana y el manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet; porque seguramente imagino que al mismo tiempo se celebraron muchas cenas del miedo. A partir de entonces se anunció un cambio, la intermediación de un juez, que no cambia en nada el espíritu de la ley. Y ese para mi es el engaño más grande.

Tal y como ha sido aprobada la Ley Sinde, un juez de lo contencioso administrativo -vaya trampa- será el que a instancias de la Sección Segunda de la Comisión de la Propiedad Intelectual (es decir, una de las partes en litigio) actuará sin entrar en el fondo del asunto para decretar de oficio el cierre cautelar de la página. Lo que no se dice es que ese cierre, en internet, y teniendo en cuenta la velocidad de la justicia en España, puede arruinar a más de una empresa. Aunque al final del camino, tras los recursos que sean necesarios, el juez le dé al final la razón. Tal y como ha sucedido hasta ahora. Porque ya está bien de falacias: eso que muchos (incluidos numerosos medios de comunicación) denominan 'descargas ilegales' o 'piratería' es un acto completamente legal: la descarga sin ánimo de lucro no es delito. Repito, que no es delito, que no es delito!

Anonymous en la Operación Goya. Imagen del álbum en flickr de gaelxY retomo el tema de las revueltas en los países árabes... Si precisamente esas manifestaciones que han derrocado dictadores se han podido organizar a través de las redes sociales es porque internet sigue siendo la plataforma más libre y democrática que nunca se haya creado. Por eso, cualquiera de los dictadores de estos países con una Ley Sinde en la mano hubieran podido cerrar ¡encima amparados en la legalidad! páginas y perfiles de cualquier persona o usuario que tratase de movilizar a los otros contra el gobierno de turno. Por eso no se puede consentir en España un atentado contra los derechos fundamentales como este. Y por eso es necesario movilizarse.

Me gusta la campaña del nolesvotes (si nos lo creemos -insisto, #nolesvotes- de paso acabaremos con el bipartidismo en España) y comparto sin miramientos los ataques contra las páginas de los partidos políticos o la propia SGAE. Pero sobre todo me parecieron fantásticos la Operación Goya de los Anonymous y el discurso de Alex de la Iglesia en esa ceremonia, un alegato que demostraba que el director había sabido escuchar en lugar seguir enrocado. Además, su discurso no fue contra la Academia, ni contra el cine, ni siquiera contra el Ministerio o la ministra sino que fue un discurso en positivo. Todo lo contrario que las lindezas habituales de la industria que considera como pirata o delincuente a cualquier internauta. O el de los periolistos, tertulianos y comentaristas que al día siguiente volvían a resucitar el 'gratis total' demostrando 1) sus pocas luces, y 2) que serían incapaces de deletrear la palabra 'innovar'.

Ahora es necesario mantener la cibermovilización en internet y tomar las calles, pasar de lo virtual a lo real, llevar las protestas online a lo offline. Hay que demostrar a los que nos gobiernan que no somos borregos, ni se puede legislar de espaldas a tanta gente. Porque de lo contrario, cualquier día, vendrán a por nosotros. Por eso España necesita una plaza Tahrir. Porque corremos el riesgo de que no se nos oiga lo suficiente. A fin de cuentas, gritamos mucho en internet, pero ya se sabe que estos señores que viajan en coche oficial no pululan mucho por allí. Vamos, al menos, más allá de las tres páginas que conocen.